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Dehesas de Guadix


Cruz tallada en la torre de contrapesas

Dehesas de Guadix localidad y municipio español situado en el extremo nororiental de la comarca de Los Montes, en la provincia de Granada.


Fecha de visita 16 de octubre de 2.016



CRUZ TALLADA DEL CORTIJO DE VALDEMANZANOS:


Hueco vació donde se alojaba la cruz tallada


En el cortijo de Valdemanzanos, en la torre de contrapesas del molino harinero y la mejor conservada del resto de la edificación, existía una cruz tallada de cantería hoy día desaparecida. Tallada en un solo bloque, cruz de tipología latina sobre triangulo, similar a otras cruces que hemos podido observar en distintos lugares y que representarían una cruz de calvario. Muy posiblemente su datación correspondería al siglo XVIII.


Vista general del Cortijo de Valdemanzanos en la actualidad


En torno a esta cruz existe una leyenda que trascribimos literalmente y obtenida de:


http://www.ideal.es/granada/planes/201501/16/dehesas-guadix-cruz-valdemanzanos-20150115182210.html


"Dehesas de Guadix cuenta con lugares de interés especial, como La Noria de Agua y el Molino de Cereales en el cortijo Valdemanzanos, donde una piedra con enigmática cruz tallada -por desgracia expoliada- da paso a esta leyenda.

Cuenta esa leyenda que Pedro nunca imaginó que aquellas Navidades iban a ser diferentes. Había salido del cortijo Valdemanzanos hacía Dehesas de Guadix en busca de una pieza para el molino, que se había roto justo el día de Nochebuena. Iba rumiando mil maldiciones en el lento caminar de su carro por aquellas lomas de arcilla blanca, con el frío metido en los huesos. Su mal carácter hacía de él un hombre solitario y huraño, a pesar de ser buen trabajador. La vida no le había tratado bien, pero por lo menos tenía el oficio que le había enseñado su padre, el de picapedrero.

La nieve empezó a caer justo cuando llegaba a la salida de la villa, observando allí a un monje que le hizo señales para que parara.

-Buen hombre, me han dicho que va usted al cortijo Valdemanzanos; si no le importa podría ir con usted, yo voy a cortijo Nuevo, un poco más arriba.

Pedro pensó que un poco de compañía no le vendría mal, así que subió al monje y continuaron la marcha.

-¿Qué se le ha perdido por esos cortijos de Dios? Preguntó Pedro al monje.

-Es Navidad, festividad muy especial de fe, esperanza y caridad. Son fechas en las que se dan buenas limosnas? Mira lo que he recaudado solo en este pueblo, le respondió mientras le enseñaba el zurrón lleno de monedas. Los niños del orfanato de Guadix -añadió- tendrán mejor comida estas Navidades.

Debe de haber más de lo que gano yo en cinco años, pensó Pedro, quien instantes después era interrogado por el monje:

-¿Y tú, amigo picapedrero, qué es lo que deseas estos días tan especiales?

-Yo lo que más deseo es tener mucho dinero, como cualquier mortal.

-No creas que todos desean lo mismo. Hay quien quiere unos padres o un hermano o simplemente un amigo.


-El dinero es lo mejor del mundo y quien diga lo contrario bien tonto es.

El monje hizo una mueca a modo de sonrisa y guardó silencio. Al poco, la nieve había cubierto el camino y el mulo que tiraba del carro avanzaba casi a ciegas. Una piedra oculta en el camino provocó que cayeran por un terraplén mulo, carro y hombres.

Pedro solo se había magullado un poco, pero el monje había caído debajo del mulo, quedando malherido. Al lado de él estaba el zurrón lleno de dinero. Pedro no se lo pensó y al tratar de cogerlo, el monje lo sujetó con una mano. Con un hilo de voz le dijo:

-¡Por caridad, ayúdame!

.Fue un momento de indecisión. Nadie lo había visto montarse en el carro y con aquel frío, el mulo muerto y las heridas que tenía el monje, lo mejor era coger el zurrón y largarse de allí.

Pedro abandonó el lugar con el dinero, pero no había andado ni quince minutos cuando el remordimiento le hizo dar media vuelta para ayudar al pobre monje . "No puedo dejar a ese buen hombre tirado en el terraplén, sin hacer nada por ayudarlo", se dijo para sí . Además -reflexionó- el dinero procede de limosnas que deben tener el destino que se merecen.

Cuando llegó Pedro al lugar no encontró ni al monje, ni al carro, ni al mulo. El temporal arreciaba y decidió seguir hasta el cortijo para, una vez allí, explicar lo que había pasado y organizar una partida para ir en su busca. Pero mientras caminaba solo pensaba que quizás no le creyeran y más conociendo su maldito carácter. Seguro que darían parte a los justicias y no tendrían piedad con él. Lo meterían en una fría mazmorra, lo azotarían por robar y lo ajusticiarían por abandonar a un hombre herido. ¿Para qué le serviría el maldito dinero y su avaricia? Pedro deseaba con toda su alma una nueva oportunidad de enmendad su error.

Las luces de las casas del cortijo se vislumbraban entre los copos de nieve y un terrible escalofrío recorrió su cuerpo. Cuando entró en el cortijo todos los trabajadores estaban alrededor de la chimenea y su semblante quedó petrificado cuando vio al monje sentado cerca del hogar, con una pierna vendada y disfrutando de un buen vaso de vino.

-¡Por fin has llegado! Estábamos preocupados por ti. Cuando saliste a pedir ayuda después del accidente, el mulo se recuperó y como pude, con la pierna dolorida, lo enganché al carro y hasta aquí me ha traído, dijo el monje.

No podía creer lo que estaba ocurriendo. Todo parecía un sueño. Algunos de los presentes le saludaron afectuosamente y otros le abrazaron llamándole "valiente". Todos estaban contentos.

-¡Menos mal que has encontrado mi zurrón. Ya lo daba por perdido! El monje sacó de él un buen puñado de rosquillas y mantecados, que repartió entre los asistentes. Todos empezaron a cantar villancicos y las mujeres a traer buenas viandas para celebrar la Navidad.

Pedro miró al monje con lágrimas en los ojos y el religioso le hizo una señal para que se acercara.

-Pedro, amigo, esta noche te ha enseñado que el dinero no es lo más importante del mundo. Acrecienta la fe, vive en la esperanza y comparte con caridad, pues estas estrellas guían a los hombres de buena voluntad.

No solo grabó las palabras en su corazón, sino que como buen picapedrero, esculpió un triángulo, símbolo de las tres palabras, en una piedra que coronaba el cortijo. Y encima, la Cruz de Cristo para que nadie las olvide."



Fe, Esperanza y Caridad ( Esa es la clave)



VÍA CRUCIS CERÁMICO:


Ya en el pueblo, pudimos comprobar, que en la fachada de la iglesia parroquial de la Anunciación, se encuentran ubicadas, a derecha e izquierda del cancel de entrada, dos placas cerámicas alusivas a las últimas estaciones de un vía crucis. Otras placas estacionales, se distribuyen por una de sus calles principales.


Iglesia parroquial de la Anunciación


Cada una de las placas contiene el numero de estación y la escena correspondiente de Jesús camino del Calvario, según los evangelios.


Sobre azulejos cerámicos vidriados de color blanco, las imágenes estacionales de Cristo en tonos azules, bordeado por molduras del mismo material componen un singular y original vía crucis.


V estación del vía crucis

III estación del vía crucis

II estación del vía crucis




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